En casa, confinados pero preparando el siguiente destino.


¿Donde estamos?: Preparando el próximo destino

Nuestra idea era esta semana santa conocer Austria, más concretamente el Tirol. Pero como sabéis ahora toca quedarse en casa y acabar con esta pandemia. ¡Ya habrá tiempo de viajar!

Aprovecharemos estos días en casa para darle una vuelta a la web.

Aunque en realidad… ¡Qué ganas tenemos de nuevo de coger la mochila!

Suecia

¡Bienvenidos al país del IKEA y las albóndigas! Eso piensas cuando aterrizas en el aeropuerto de Estocolmo. Pero cuando te despides es un hasta pronto país de los radares (puedes encontrarte fácilmente 10 en una carretera, todos señalizados eso sí) y de los Teslas (nunca habíamos visto tantos) pero sobre todo te quedas con su gente tan correcta y una seguridad pasmosa en la que la gente deja sus bicis sin atar.

Empezamos visitando Estocolmo, la ciudad de las mil islas donde recorreremos las calles de Gamla Stan y visitaremos la isla adyacente Djurgårdsstaden llena de museos.

Para continuar un roadtrip de cuatro días visitando el norte hasta el lago Siljan con paradas en Sigtuna, primera ciudad sueca y Uppsala. En Falun visitamos su mina de cobre patrimonio de la humanidad.

Giramos a la costa oeste de para ver los puertos que bañan el canal de Kattegat. Pueblos con mucho encanto como las casitas de colores de Smögen o la fortaleza de Marsntrad.

De regreso a Estocolmo visitamos castillos renacentistas como el de Vadstena, Örebro o el Gripson Castel. Y como colofón final, el palacio de Drottningholm, donde reside la familia real Sueca.

De vuelta a Estocolmo, subirnos a un tren que tras 16 horas nos dejó en la Laponia sueca. La blanca Kiruna nos esperaba con su Parque Nacional de Abisko y sus trekkins de nieve a la espera de cada noche ver alguna aurora boreal.

Lo mejor: Gamla Stan y la Laponia, Abisko es un parque sobrecogedor. La costa oeste tiene pueblos con mucho encanto. La seguridad de un país de gente amable.

Lo peor: Suecia es un país extremadamente caro y el turismo está pensado para el autóctono. Los museos castillos y oficinas de turismo tienen un reducido horario (no sabemos si por el COVID) y son demasiado caras sus entradas para ser lugares de cultura. Además, luego está la decepción de que el interior no es gran cosa. El tren nocturno a Kiruna es uno de los peores en los que hemos estado. Las luces están siempre encendidas y apagan la calefacción por la noche, donde afuera puede rondar los -10 grados en Abril.

Al final, como siempre, te faltan días y el país da para una semana más (18 -19 días sería perfecto) perdiendo un día más en la costa oeste, visitando Malmo y la isla de Gotaland que añadirían cuatro días al viaje. También sería recomendable perder un par de días más en la Laponia. Afortunadamente si en tu mente está visitar Dinamarca eso lo puedes hacer conjuntamente y lo que no pudiste ver en la Laponia sueca lo encontrarás en la finlandesa, noruega o hasta en Islandia si la tienes marcada en rojo.

Kiruna

Llegamos a Kiruna tras 16h de tren nocturno desde Estocolmo (54€ ida y vuelta por persona). Habíamos estado en trenes malos como en India. Pero jamás creímos que en el primer mundo también habría. A la noche cerraron la calefacción y dormir era imposible. La silla apenas se reclinaba y para colmo las luces estuvieron toda la noche encendidas. Vamos, un suplicio.

¡Pero estábamos en la Laponia! Todo blanco y helado, un paisaje espectacular… Hasta que pones el pie en el suelo y te llevas el primer resbalón. Salir a la calle aquí es supervivencias. Las mejores casas seguro que son de traumatólogos.

Una vez en Kiruna en la oficina de turismo nos informaron de que ver. En la ciudad la iglesia de madera y se puede subir en, según la chica de turismo, unos 20 minutos a la cima de unas pistas de esquí para ver las vistas de la ciudad. Nosotros no fuimos ya que pegada, tiene una colosal mina de hierro y no hacía muy atractiva la ciudad.

Fuera de ella hay multiples opciones. Tras ir a buscar el coche de alquiler al aeropuerto, ya que en el centro el precio era estratosférico, empezamos el recorrido por los alrededores del pueblo. El alquiler lo conseguimos por 104€ dos días con la empresa Hertz. Conducir por la Laponia puede suponer una temeridad, más cuando se llega y en 5 minutos has patinado con tus botas 8 veces. Pero los coches aquí están muy bien adaptados. Eso sí, conduce lento, con las dos manos al volante y mil ojos a la carretera.

La primera visita era a una simple carretera, la que va Nikkaluokta. Según la chica de información por esa carretera podríamos ver renos y otros animales salvajes. Pero por desgracia nosotros no vimos nada en los 20km que recorrimos.

De vuelta al pueblo paramos en el Hice Hotel. Queríamos visitarlo pero la entrada nos hecho atrás. 34€ cada uno por ver cuatro estancias. Ya habíamos pagado en el sur por ver interiores de castillos y sabíamos que en Suecia, los interiores no valen nada y para colmo, los precios de las entradas son caros. Por último fuimos a ver un campeonato Sami, visitamos su iglesia pero debido al horario extraño que tienen en el país, este ya estaba cerrado.

Tras comprar comida nos fuimos a nuestro Camping donde teníamos reservado una Cabina. Pasamos dos noches en Camp Alta por 108€ dos días. El camping lo regenta una española y las cabinas son super confortables y calentitas mientras ves afuera cómo estás a -7 grados durante te el día. Te da derecho a usar dos saunas y dos barbacoas. También tiene cocina comunitaria pero la nevera está en tu cabina.

Esa noche el día estaba nublado, así que la posibilidad de ver auroras eran nulas, poco nos importo. Estábamos tan reventados del tren que caímos rendidos.

El día siguiente era esplendido. Subimos al parque nacional de Abisko ha realizar rutas de senderismo. Los caminos están bien señalizados, todos salen desde la oficina de información (que abre tarde y cierra pronto, como todo en este país). Hay de distintas distancias, nosotros decidimos hacer el 3 (puntos naranjas) de unos 8km que va por un río helado espectacular. Tras ello fuimos a visitar una pequeña cascada de hielo 5km pasado el parque.

A la vuelta, el cielo despejado parecía presagiar veríamos auroras y aunque se mantuvo toda la noche y las temperaturas eran más frías de lo normal, no aparecieron. Los últimos rayos de sol, tenuementes siempre estaban presentes en el horizonte. Y eso no hacía una noche cerrada para poder observarlas. Abril ya no es época para verlas en Kiruna. Una lastima…

El tercer día decidimos probar la sauna, la cual tiene una trampilla al lago helados. Te quitas todas las impurezas y lo que tengas al saltar a ese pozo. Ahí conocíamos a la dueña del camping, muy maja nos regalo otro saco de leña y nos dio a entender, que los verdaderos Samis están en la frontera con Finladia. Que aquí es más todo un poco turístico. Tras una hora de frío y calor en la sauna, toco dejar la cabina y el coche. Por último visitamos la iglesia de madera y cogimos el fatídico tren de vuelta a Estocolmo.

Laponia nos fascinó, aunque no hallamos podido ver auroras boreales es un punto importante a señalar en tu viaje a Suecia.

Vadstena y Örebro

Empezamos el día visitando el pueblo de Vadstena a orillas del lago Vattern. Este pueblo tiene dos puntos de interés. El primero si castillo. Entrada 5€ y lo de dentro realmente decepcionante, nada o peor que nada, cuanto sillas de plástico. La verdad que los Suecos en eso de ambientar los interiores de los castillos o Palacios no se lucen mucho.

El segundo punto de interés es su abadía con esculturas medievales en su interior. Nosotros a causa de las obras que se estaba realizando no pudimos visitarlas.

Tras ello, nos dirigimos a Örebro. Lo más importante está siguiendo su cauce, por lo que con un espléndido paseo se puede ir visitando una a una sus atracciones.

Se empieza por la iglesia de San Nicolás y más adelante su castillo con su museo. Se sigue el cauce hasta llegar al parque Stadsparkens en donde se acaba en skolmuseet. Un museo al aire libre, que nos muestra cómo vivían antiguamente los pobladores de esas tierras.

Ya entrada la tarde nos dirigimos a Mariefred para visitar su palacio, Gripsholms Slot de un bonito color salmón. El pueblo es pequeño así que la visita es breve.

Al día siguiente teníamos que regresar a Estocolmo para dejar el coche. Así que decidimos dormir muy cerca para así ver a primera hora el Drottningholn palace. Por 46€ con desayuno incluido (y un buen desayuno) en Dialog hotel.

Costa oeste

Salimos pronto del hostel. A las 6 a.m. ya estábamos en la carretera pues nos esperaban para empezar casi 300km hasta la costa. Y las carreteras de Suecia no son especialmente rápidas.

El primer pueblo que visitamos fue Grebbested, enclavado en una estrecha bahía ya se podía apreciar lo espectacular de la costa oeste de Suecia. Cientos de islotes creaban un archipiélago infinito perfecto para ir en kayak y perderse un día. El pueblo, aparte de la agradable fachada marítima y su iglesia tiene poco que ver.

Más al sur está Fjällbacka. Este idílico puerto de nombre impronunciable tiene una ruta a pie que nos lleva desde su iglesia, hasta un mirador espectacular, pasando por una estrecha brecha en la roca. Desde ahí arriba, el archipiélago de islotes esas idílico aún.

Si seguimos más al sur encontraremos Smögen. Ya solo ver las vistas desde el puente de acceso a la isla impresiona. Smögen tiene un atractivo puerto, con unas casitas de colores pintorescas. Más adelante, una ruta por piedra granita nos llevará a un mirador. Es el pueblo con una vida animada por su paseo marítimo, con multitud de bares, tiendas y restaurantes.

El último pueblo a visitar fue Marnstrand. Desgraciadamente llegamos tarde y no pudimos visitar la enorme fortaleza que la custodia en la isla de enfrente. No hay puente entre las islas, por lo que se tiene que atravesar en ferry. Este pueblo posiblemente el solo os lleve todo el día, ya que detrás del castillo hay caminos para pasar el resto del día en una mini excursión.

Al final se nos hizo de noche y aún teníamos que recorrer 140km hasta el hostel, el viento que no cesó desde la tarde siguió aporreando al pobre Clio hasta Jönköping donde teníamos el hostel. Huskvarna Hotel por 46€ la noche. Debido a la pandemia muchos de los hostel donde nos alojabamos tenían horario reducido, por lo que nos enviaban por mail los códigos de la puerta y entrabamos sin más. Se nota la seguridad de un país cuando son capaces hasta de dejar las llaves sin más a desconocidos.

Falun y lago Siljan

Queríamos empezar pronto el día ya que hoy nos tocaría ver la mina de cobre que no pudimos ver ayer, pero por lo reducido de los horarios hasta las 11 no pudimos visitarla. Lo que si se puede hacer es dar un rodeo perimetral por ella en donde puedes entrar en las distintas estaciones, en una (la cual sabrán por una campana constantemente tocando) se puede observar uno de los pozos realmente vertiginoso. Sobre todo porque puede estar encima mirando por un suelo de rejilla que quita el hipo.

Solo por ver el perímetro nos quedamos con ganas de más y decidimos entrar. Además, estas minas están catalogadas como patrimonio de la humanidad por la UNESCO. 20€ la entrada y se puede visitar el museo que abre a las 10. Las minas son más de 80km de galerías pero por seguridad (ya sabemos, problemas del primer mundo) solo es posible visitar hasta los 7 metros de profundidad, vamos un 1% de la mina. Y aunque es bonita te quedas con las ganas de seguir descubriendo en esas galerías que se hunden en la profundidad del abismo.

Tras las minas, pusimos rumbo al lago Siljan. Conforme subíamos empezamos a ver los lagos adyacentes a la carretera congelados y el Siljan no iba a ser menos. En Rättvik, un largo muelle es perfecto para dar un corto paseo por encima, o por debajo en esta ocasión. Puede que a la gente que este acostumbrada al frío esto no le llamé la atención, pero hay que recordad que nosotros somos de Mallorca, así que la nieve poca, y el hielo menos. Caminar por el lago y sentir como se rescrebajaba un poco al pisar fue una sensación fascinante.

La siguiente parada era Orsa y su Orsa Bear Park donde puedes ver animales salvajes del país, sobre todo sus carnívoros (osos, zorros, lobos). Pero cometimos un gran error y tras subir montaña arriba, nos encontramos con el final de la carretera y cientos de suecos practicando esquí. La carretera se ve se corta en la temporada de invierno y se transforma en una estación de esquí. Visitar el parque solo se puede en la temporada de verano. Nuestras caras al encontrarnos con la carretera cortada y gente esquiando era incrédula.

Por último visitamos Mora donde no hay mucho que ver. Al lago Siljan íbamos con la idea de hacer algún trekkin. Pero encontrar información fue realmente imposible. Aparte de porque no hay, los suecos tienen un turismo nacional, por lo que encontrar alguna información era dificilísimo incluso en inglés.

Al día siguiente queríamos visitar los pueblos pesqueros del canal de Kattegat. Por lo que elegimos dormir a mitad de camino en Torby en Lägenhet på landet ¡Encima de un granero! Muy confortante y original, el dueño había hecho habitaciones encima de su granero. Eso sí, Irene no pego ojo ya que se estaba leyendo un libro de novela negra con asesinatos en Suecia y le recordaba a ello.

Sigtuna y Uppsala

Tras el día de descanso en Estocolmo, volvimos al Aeropuerto para ir a buscar el coche ya que en el centro los precios eran desorbitados. Volvimos con la compañía Flygbussarna (11€ por persona) al aeropuerto y de ahí un bus gratuito te lleva a la estación de rentacars. Contratamos con Alamo un Renault Clio por 196€ cuatro días.

Nuestro primer destino fue la cercana ciudad de Sigtuna, la cual tiene el honor de ser la ciudad más antigua de Suecia. Es agradable pasear por la calle Stora Gatan y visitar las diferentes ruinas de iglesias del Siglo XII. Por el camino además, te irás encontrando con antiguas piedras rúnicas.

Tras las visita a Sigtuna nos desviamos unos 20km del camino que teníamos trazado, para ir a visitar el castillo de Skokloster. El Castillo, más que castillo es un palacio. Aquí no esperen ver castillos medievales como pueden ver en Escocia. Más bien son palacios renacentistas aunque los llamen Slot (Castillo).

Tras una visita fugaz al castillo, seguimos subiendo hasta llegar a la ciudad de Uppsala. En esta ciudad universitaria con encanto podemos visitar el castillo de Uppsala, los jardines botánicos (no esperen ver ninguna flor, eran todo setos), los edificios universitarios y la catedral.

Si dejas el centro también hay que visitar Old Uppsala. A simple vista solo verás tres pequeños montículos sin más. Pero lo bonito está en su historia, son tres tumbas de reyes anteriores a los vikingos. Mientras paseas verás cientos de lomas más pequeñas en donde en realidad lo que estás visitando es posiblemente el cementerio más antiguo de Suecia. También hay una iglesia que se construyó encima de un templo pagano.

El día de hoy era demasiado ambicioso ya que después queríamos visitar las minas de cobre de Falun. Pero Suecia tiene dos problema con su cultura, la primera los precios exageradamente caros por las entradas y la segunda los horarios reducidos que tiene para visitarlos. La mayoria abren de 11 a 16, lo cual resulta imposible visitar si están un poco alejado entre ellos.

Dejamos las minas de Falun para el día siguiente y descansamos en Borlänge hostel por 43€. Unos apartamentos con cocina y baños compartidos. Pero al estar solos fue todo nuestro. Eso sí, las sábanas las cobran aparte a 7€ por persona.

Estocolmo

Dia 1

Llegamos a las 23:00 al aeropuerto de Almansa tras hacer escala en Frankfurt con la aerolínea Luftansa, con unos billetes que habíamos comprado tres días atrás por 115€ (Nada mal para estar en pandemia). Aún las altas horas de la noche y la pandemia, los buses de la compañía Flybussarna te llevan hasta el centro de Estocolmo en menos de una hora por 120 SEK (12€). Cabe decir que el aeropuerto de Almansa esta a 40km de la ciudad.

La primera sensación que nos dio la ciudad al bajarnos del autobús, aparte del terrible frio, es la de una tranquilidad absoluta. El hostel lo teníamos a apenas 20 minutos andando. Lodge32 Hostel se encuentra en un sótano pero es acogedor. Eso si, en las habitaciones con ventana, al no haber cortinas el sol os dará la bienvenida a las 5 de la mañana.

Nos levantamos pronto, teníamos ganas de empezar a recorrer, pero antes nos paramos en una cafetería para empezar el día ¡y salimos bien despiertos cuando por dos cafés y dos ficas (Pastas típicas) nos cobraron 15€! Es lo que tiene Europa y más los países nórdicos, precios altos.

Empezamos el recorrido por el Ayuntamiento, donde se celebran los premios Nobel y con una torre espectacular. Tras ellos seguimos visitando la iglesia de Klara Kyrka, la calle Drottninggatan donde hay cientos de tiendas multinacionales y la casa de cultura, que al revés de lo que se piensa, es muy moderna arquitectónicamente hablando (A nosotros no nos gusto).

Tras ello paseamos por los jardines del rey y visitamos el mercado de Ostermalms Saluhall, muy bonito por cierto. Al lado tiene también la iglesia de Hedvig Eleonora. Si seguimos mas hacia el este encontraremos el museo nacional de las antigüedades (Cerrado por el Covid) y al lado la iglesia de Oscar.

Para nuestra desgracia el museo vikingo y el Vasa (Museo en el que hay un barco enorme del 1600 que rescataron de las profundidades del mar) también estaban cerrados por la pandemia, el único que permanecía abierto era el museo nórdico y el parque de Skansen, el cual dejamos para otro día ya que es muy grande.

Para finalizar visitamos Gamla Stan con sus fotogénicas y famosas casas de colores. En esta pequeña isla en donde un día fue el inicio de Estocolmo, también encontramos el Palacio Real con su cambio de guardia, el Riksdagshuset o parlamento, la catedral, el museo Nobel, la escultura de San Goran contra el dragón (Suponemos es San Jorge) y asta la calle mas estrecha de la ciudad.

Para finalizar cruzamos a una pequeña isla para ver la iglesia de Riddarholm y ver atardecer desde ahí, donde la vista del canal y el ayuntamiento es muy bonita.

Tras un día duro de caminar reponemos fuerzas en una pizzería italiana llamada Fuori de pizza (La originalidad no son su fuerte, afortunadamente las pizzas si) y meternos destrozados en la cama ¡Como echábamos de menos estos días!

Mañana toca ir a recoger el coche alquilado y recorrer las Uppsala y Sigtura. ¡Suecia nos espera!

Dia 2

Tras dejar el coche en el aeropuerto y regresar a la ciudad, teníamos unas horas hasta la salida del tren a Kinura. Así que dejamos las maletas en la consigna del tren (9€ 4h o 11€ 24h) y cruzamos Gamla Stan parra llegar a la isla de enfrente. Ahí tenemos el Katarina Elevator para tener unas bonitas vistas de la ciudad. Si a uno no le apetece pagar si camina hacia el Fotografiska museum tiene, pero sobre todo si vas a Monteliusvägen, una zona más elevada cerca de la calle Bellmansgatan las vistas son mejores. El museo de la fotografía es contemporáneo y Bellmansgatan tiene la peculiaridad de tener las puertas de las casas en los pisos de arriba, asi que parece paseas por las azoteas.

Siguiendo el recorrido pasamos por Langholmen y su parque, también con bonitas vistas, siguiendo por el puente acabamos en Ralambshovparken. Como el tempo se nos echaba encima volvimos a la estación de tren para en un tren nocturno, poner rumbo a Laponia.

Dia 3

Tras pasar otra noche en uno de los peores trenes a los que nos hemos subido (Quien será el genio que apaga la calefacción de un tren donde afuera estas a -13ºC), llegamos muy cansados a Estocolmo. Afortunadamente todo lo habíamos visitado en los dos días anteriores, así que lo dedicamos a visitar los museos, en concreto el museo nórdico (14€) y ha comprar suvenires. Dimos la ultima vuelta por Gamla Stan y nos fuimos a dormir pronto. Al día siguiente volamos a casa vía Munich.

La Gomera

Llegamos tras un vuelo directo desde Mallorca a Tenerife con la compañía Binter en tres horas y media. ¡Y muy bien con esta compañía! En el pasaje nos entraba una maleta de 23kg a cada uno y te daban un piscolabis de cenar por solo 110€ ida y vuelta cada uno.

Llegamos a las 9 de la noche y habíamos reservado en Casa Lagunera, Josh el anfitrión nos vino a buscar al aeropuerto. La estáncia es más que recomendable, tanto por lo impecable de las habitaciones como por la cortesía de Josh.

Desgraciadamente solo estuvimos una bocha ya que al día siguiente a las 9 salía nuestro barco hacia La Gomera. El ferry sale desde los cristianos, al sur de la isla, pero un ferry bus te lleva gratis desde la estación de guaguas de Santa Cruz al barco. Salen siempre una hora y media antes de zarpar. Viajamos con Fredolsen por 48€ los dos en un trayecto de 50 minutos.

Día 1

¡Y por fin estábamos en la Gomera! En la misma terminar alquilamos un coche en Mulagua rentacar por 22€/día seguro a todo riesgo incluido. Y como el día parecía mantenerse sin precipitaciones y vimos que los demás días se podía poner peor, añadido a que ya salíamos tarde decidimos hacer únicamente el recorrido más largo de los trekkins que teníamos pensado ¡Y menudo acierto! La Gomera es el paraíso del senderismo. Dos GR uno de tres días y otro de ocho y decenas de rutas, todas perfectamente señalizadas, con paisajes increíbles en donde ninguna fotografía es capaz de representar su majestuosidad.

De camino al inicio de la ruta nos paramos en diversos miradores que hay en la carretera, a cual de ellos mejor. Mencionar el del Roque de Aganto una mole de lava solidificada esculpida por la erosión de miles de años.

La ruta por la que empezamos es la más larga en cuanto a rutas de pequeño recorrido tiene el Parque Nacional de Garajonay, la número 18 o gran circular. La Gomera tiene paisajes increíblemente diversos que van desde las áridas y desiertas costas a bosques de plurisilva que te transportarán al jurásico. La Gran Circular es una de ellas. Un bosque denso repleto de árboles llenos de liquen y elechos frondosos hizo que por un momento, volviéramos a Australia y su New England National Park. El Gorajonay no tenía nada que envidiar. Sencillamente espectacular. La luz traspasaba tenue entre los árboles y parecía que de un momento a otro te iba a aparecer un duende o un gnomo.

La ruta con 800m de desnivel y 16km es dura, pero pasa por increíbles lugares, incluso por el pico más alto de La Gomera. Al final tardamos cerca de 6h (aunque el cartel del inicio de la ruta dicen que son 9h). Como salimos tarde, llegamos con el último kilómetro a la luz de los frontales. Pero había valido la pena el esfuerzo.

De vuelta a San Sebastián nos alojamos en la Pensión Colón. Modesta pero acogedora antigua casa típica Canaria a 35€ la noche y comimos unas arepas en el restaurante La Choza gomera.

Día 2

Nos levantamos tarde ya que estábamos cansados del madrugón y el tute de ayer. Tras desayunar en ¿Bets and sweets?, el cielo parecía dar una tregua tras una noche lloviendo. Hoy lo íbamos a dedicar a visitar los distintos pueblos de la isla.

Empezamos visitando el propio San Sebastián con su iglesia colonial y torreón (lastima no puedas acceder al interior). Tras ello pusimos rumbo al valle de Hermigua y Agulo. Dos pueblos pintorescos que vivieron tiempos mejores pues Hermigua antes de la década de los sesenta tenía una población de más 8000 habitantes, pero que tras el boom turístico sus residentes emigraron a Santa Cruz dejando una población de menos de 2500 en poco más de 10 años.

En Hermigua disfrutamos de ver las olas romper en su playa de cantos rodados volcánicos de Santa Catalina y nos desviamos también para ver La Caleta y su mirador. De camino a Vallehermoso paramos a comer en una típica casa de comidas canaria ¿Los mocanes? Comimos el típico queso frito y potaje de puerros.

Llegamos a Vallehermoso y como en Hermigua se ve un pintoresco poblado de casas de colores en laderas con un tiempo pasado mejor. Eso sí, en su ladera el majestuoso Roque Cano lo escolta. Nos desviamos de la ruta principal para bajar por una vertiginosa carretera a la playa de Alojera, pero no es gran cosa y el camino bastante largo.

Tras ello el tiempo empieza a empeorar por esa, y teniendo la certeza no veríamos nada en el valle Gran Rey y se hacía tarde regresamos a San Sebastián. Como llegamos de día decidimos realizar una excursión exprés a la playa de la Guancha. Playa virgen espectacular! Lastima se hiciera de noche y el clima no invitaba a bañarse.

De regreso cenamos en el restaurante la Tasca. Nos decantamos por las pizzas y no valían nada, eso sí, la carne que vimos tenía muy buena pinta.

Día 3

Último día en la Gomera. Este lo dedicamos a realizar pequeños recorridos. Lo elejidos fueron xxxxxx y a pesar de su corto recorrido valieron mucho la pena. De echo puedes unirlos todos en un recorrido más largo. La Gomera dispone de tantos caminos, y tan bien señalizados y cuidados que en un mes saliendo a caminar sin parar no te los acabarías.

Después de saciarnos de caminar fuimos a visitar la fuente de los 7 caños en donde cuenta la leyenda y la tradición que según como los bebas tendrás un tipo de suerte (dinero, amor, casarse… ¡Incluso puedes ser bruja!) Pues bien, no sé cuál va a ser nuestra suerte, porque a pesar de que llovía ¡Estaban secos!

Por último intentamos ver el valle del Gran Rey sin suerte y comimos en las hayas en la conocida casa Hermigua champiñones con xxx, papas con mojo y xxxx. Muy bueno todo pero se notaba el Covid había hecho estragos en el turismo. Eramos los únicos a comer.

De regreso a San Sebastián compramos algunos souvenirs y dejamos el coche. A las 20:15 salía nuestro ferry ¡Rumbo a la Palma!

Israel

 

Con una tierra desértica y unas fronteras con vecinos no muy amigables, Israel se abre paso como David contra Goliat hacia el desarrollo. Fuertemente vigilado, el viajero no tendrá ningún problema en desplazarse excepto en la bloqueda Gaza. Visitar Belén y otros pueblos de Cisjordania no suponen más que pasar por algún que otro control rutinario.

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Cúpula de la Roca, Jerusalén

Si obviamos eso, Israel se presenta como una tierra de ruinas romanas como Masada, Cesárea y Beit She’an. Con un contraste entre sus dos ciudades principales, un cosmopolita Tel Aviv y una moderada pero mágica Jerusalén donde conviven las tres religiones principales.

Acre, con su recinto amurallado, último bastión de las cruzadas, es un buen lugar para pasar un día tranquilo, más aún si se pasean por los jardines de Haifa y si aún uno quiere relajarse más, ha de ser obligado perder un día en el mar muerto.

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Cesárea, antigua ciudad romana

Lo mejor: Jerusalén es una ciudad mágica donde parece que el tiempo se detiene. La sensación de flotar en el mar muerto es única y relajante. Acre nos sorprendió con su alto nivel de actividades por ver.

Lo peor: Como buen país desarrollado es un país caro. Encontrarte con una metralleta en cada esquina nunca es agradable y si se entra en Cisjordania el trato que se le da a los palestinos es deplorable. Ese es el verdadero muro de las lamentaciones, el que los separa física e ideológicamente. Nos llovió y no pudimos disfrutar del todo de Cesárea, Acre y Haifa y estuvimos poco tiempo en el mar muerto. Nos quedó por ver Masada y Beit She’an. La comida como en Jordania, aunque buena, es bastante repetitiva. Qué en el Shabat se paren todos los transportes públicos y te dejen aislado estés donde estés.

Jordania

Uno al escuchar el nombre de un país árabe, lo primero que se le viene a la cabeza es el continuo acoso y derribo por venderte algo o llevarte a algún lugar. Pero afortunadamente Jordania es un oasis en el caos que es próximo oriente.

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Anfiteatro, Amman

Aquí incluso se conduce medianamente bien (más bajo que medianamente, pero al menos no es morir en el intento alquilar un vehículo)

Posiblemente lo único que mucha gente sepa de Jordania, sea la mágica Petra, centro del comercio entre oriente y occidente por el pueblo nabateo. Pero si uno escarba simplemente un poco en el polvo del desierto, encontrará lugares increíbles como la ciudad romana de Gerash, espectacularmente bien conservada y magestuosos castillos cruzados como el de Aljun, Karak o Shobak.

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El Tesoro, Petra

Siéntete un beduino pasando un día o dos por Wadi Rum el desierto que al anochecer se vuelve de de un color rojizo, en donde en cada esquina encontrarás un lugar perfecto para contemplar vistas sobrecogedoras.

Y por si aún no te ha bastado, puedes sumergirte en el mar rojo en Aqaba, con un agua agradable hasta en diciembre, en busca de cientos de peces de colores y coral.

Lo mejor: sencillamente su gente, árabes que no te agobian por la calle hace sea un país agradable. Petra, Gerash y Karak por su historia y lo que más nos sorprendió, el increíble Wadi Rum

Lo peor: No es un país especialmente barato, sobre todo en Petra, donde encontrar alojamiento puede se hasta difícil. Aunque conducir no es del todo un caos, has de poner todos los sentidos, aún así, nosotros tuvimos un golpe. El seguro a todo riesgo es obligado contratarlo aquí, es mejor no jugársela. Al viajar en diciembre se nos hacía de noche demasiado temprano y en el norte nos llovió bastante y no pudimos disfrutar todo lo que quisimos de Gerash y el castillo de Aljun. Por tiempo tampoco pudimos visitar los castillos del desierto, ni el de Shobak a 20km de Petra. La comida como en Israel, aunque muy buena, es bastante repetitiva.

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Wadi Rum