Siquijor

La llaman la isla embrujada. Dicen que incluso los propios Filipinos de otras islas tienen miedo de pisarla. Pero… ¡a nosotros nos resulto encantadora!. Cierto es que no posee ninguna atracción turística extraordinaria, porque Siquijor no es eso, turística. En la isla se respira un aire tranquilo y pausado, solo distorsionado por unos pocos mochileros que se animan a visitarla.

Old enchanted baleted Tree o árbol Centenario

Llegamos desde Dumaguete en el barco de las 10am, por 130 PHP (2€). A la llegada estaba lloviendo, así que no pudimos llevar a cabo nuestro plan inicial, alquilar moto en el puerto por 350 php (6€) e ir a buscar alojamiento por nuestra cuenta.

En cambio, alquilamos un triciclo por 200 pesos (3€) hasta San Juan que es donde están la mayoría de alojamientos. Creemos que se pueden conseguir un poco más baratos, ya que está a 10km máximo desde el puerto de Siquijor. Nos alojamos en Casa Miranda, un modesto alojamiento, eso sí en primera línea de mar y con su playa privada.

El coste de la habitación fue de 350 pesos (6€) y del alquiler de moto por 24h de 300 pesos (5€). Mientras esperábamos a que aflojase la lluvia para salir a descubrir la isla, fuimos a comer a uno de los puestecitos de buffet cercanos. Hay muchos a menos de 1km dirección este y se come muy rico, por menos de 2 euros por cabeza.

Quitándonos el calor con un fresco coco

A las 2pm paró de llover y partimos en la moto hacia nuestro primer destino, ver el old enchanted baleted Tree o árbol Centenario. Te cobran 10 pesos solo por aparcar la moto y aunque es una turistada en toda regla, el arbol, el estanque y sus peces son bonitos. Teniendo en cuenta que puedes sentarte y los pececitos te hacen el masage por el que tienes que pagar en Tailandia, pues no está nada mal. Bueno, pececitos y peces grandes, porque había cada bicho… que estaba para cocinarse a la parrilla.

Iglesia de San Isidro

Seguidamente, paramos en el pueblecito de Lezi. Sinceramente las localidades de Siquijor son de las que más nos han gustado de Filipinas. La distribución se asemeja más a la de un pueblo real y no a la de una calle interminable con casas y tiendas a los lados, como la mayor parte de sitios del sureste asiático. En Lezi visitamos la iglesia de San Isidro y el convento para ver algún exponente del colonialismo español, y sí, otra vez parecía que estábamos en Sudamérica.

Playas desérticas en Siquijor

El plato fuerte venía a continuación, las Camangahay Falls. Como el día había estado feo hasta entrada la tarde y era ya última hora, no había casi gente y las pudimos tener casi para nosotros solos. Nos recordaron un poco a las Tat Kuang Si de Laos, salvando las distancias. Hay al menos tres niveles de cascadas y puedes caminar alrededor y a través. También hay lianas y barquitas de bambú para alquilar por 20 o 30 pesos (0,5€). Nosotros alquilamos una balsa de bambú, y sí, a veces un poco de postureo no hace daño.

Los filipinos del lugar son muy majos, incluso al ver que a Irene le gusta cantar, le hicieron cantar Despacito y querían que fuésemos con ellos de Karaoke. No pagamos la entrada a las cataratas porque el dueño nos dijo que pagásemos al salir, y al salir ya se había ido, así que no podemos deciros el precio de la entrada/párking. Hay más cataratas en la isla, queríamos visitar también las Lugnason falls, pero la chica del hostel nos dijo que estaban cerradas por mantenimiento.

Sarandoong Beach

Una vez en Casa Miranda, entablamos relación con unos argentinos muy majos. El chico había viajado bastante también y la conversación giró en torno a anécdotas de los mismos. Fuimos a comer carne a la barbacoa a 300 metros al este del hostel en Dalahikan Grillo masters. Una vez más por menos de 2 euros por persona comes.

Nosotros pagamos un poco más porque Alberto tuvo antojo de gambitas. Por cierto, estaban hot hot, algo inusual para ser Filipinas, menos amigos del picante que sus países vecinos.

Amanecía un nuevo día, esta vez tras un sueño reparador sin gallos impertinentes. Teníamos que coger el barco de las 2pm hacia Bohol, ya que solo había uno diario. Así que nuestros dos días en Siquijor se transformaron en un día y medio. Si tenéis tiempo suficiente os recomendamos quedaros un día más. Nosotros partimos, pues le teníamos muchas ganas a Filipinas y habíamos planificado una ruta ambiciosa de sitios que visitar.

Camangahay Falls

Nos levantamos a las 6 am, no es que seamos masocas, es que en el país la luz solar es de 6 am a 6pm y a las 9pm ya solemos estar en la cama. Tocaba día de playas y por suerte el tiempo era fenomenal. Visitamos dos, Sarandoong Beach, la más recomendada por los locales, pero que ni fu ni fa, muy montada para el turista, aunque fuimos los primeros en llegar, y nada virgen.

La segunda, que no vimos que tuviera nombre. Simplemente íbamos de camino a Kagusuan beach, y al llegar nos dijeron que estaba prohibido el acceso porque había hurtos en la zona. Creemos que es porque la gente del Resort no quiere que entre el resto del publico, deplorable. Pero, nos esperaba una sorpresa, en la misma aldea tienen una playa donde solo había un par de locales nadando y arreglando sus bankas, y esta sí, era una maravilla.

Camangahay Falls

Nuestro barco a Tabligaran en Bohol salía desde el puerto de Larena a 20 km de San Juan. Pudimos conseguir un triciclo por 300 pesos (5€), no pudimos regatear mas. Próximo destino… Bohol y Panglao!

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